martes, 12 de agosto de 2008

Bajo el sol de La Mancha

De un azul intenso. Así es la luz del cielo sobre la casa de Matilda y Quini. No podría ser de otra manera. Durante tres días, nos acogieron en su mansión de Miguel Esteban, un palacete solariego -su segunda residencia- en el que modernidad y tradición se conjugan graciosamente. Matilda, exquisita siempre, recrea estilos con una naturalidad abrumadora, barroco venecianos con reclinatorios castellanos, faroles bizantinos y tekas orientales... Mientras, Quini, con la templanza del buen vino, -no en vano, se dedica a este milenario caldo-, da cuerpo y enjundia a unos banquetes inolvidables. Otra fusión más. Y única.

A nuestra llegada. Matilda, con un vestido de inspiración provenzal firmado por Diane Von Fustemberg, por quien nuestra anfitriona siente debilidad, especialmente, por sus wrap dress, enseña su última adquisición en un antiquario berlinés. Elvira, en verde hoja por Guess, se divierte por las ocurrencias de Matilda. Luis, con camisa a cuadros azules y pantalón de gabardina beige, de Zara, y kids naranjas de El Ganso, las observa fascinado por la escalera de la casa. Joan Fountaine subía una igual en Rebecca.

Elvira y Luis observan entre risas el avance de temporada en bolsos de Tous, absurda desde ya. Vogue debiera replantearse sus anunciantes... Lo hacen en el rincón chill out del jardín, una cama de hierro fundido estilo liberty reinventada con cojines color caña y adamascados. Bajo el pareo de hilo Dolce&Gabbana, Elvira esconde un bikini de Cavalli con estampado de leopardo. Luis, un swimming slip negro también de Dolce.

Humo y Bod Dylan. Tras la piscina y el baño de sol, nuestros modelos se relajan con un pitillo entre los dedos. Luis, con camisa de lino y pareo en hilo blanco y rojo, de Dolce&Gabbana, sigue con sus pies el ritmo de la música. Elvira, con kaftan mexicano, ofrece un long Vogue a Matilda, con un halfter negro vintage firmado por Pucci.

Primer plano de Rita.
Fascinante. Ni Shuntori, ni Kabuki. Quini fue el creador de esta explosión de sensaciones. Y Kino inmortalizó el instante.

No hay comentarios: